Domingo Faustino Sarmiento soñó con una Argentina moderna, educada e industrial. Para lograrlo, entendió que era fundamental conocer el territorio y aprovechar sus recursos naturales, especialmente los minerales. Como gobernador de San Juan y presidente de la Nación, Sarmiento impulsó la minería como motor de desarrollo y progreso.
Entre sus principales aportes, Sarmiento promovió la exploración y los estudios técnicos, trajo ingenieros y geólogos al país, y creó colecciones de minerales y museos mineralógicos en las provincias. Fundó escuelas de minas en San Juan y Catamarca, y estableció cátedras de metalurgia, física y química en los colegios nacionales. Además, creó la Compañía de Minas de San Juan y el Departamento Topográfico, y reglamentó la explotación de canteras de mármol en la Isla Martín García.
Sarmiento no solo se interesó por los metales preciosos, sino también por los minerales no metalíferos, como el carbón de piedra, clave para el funcionamiento de los ferrocarriles y las fábricas. Durante su presidencia, impulsó leyes pioneras como la Ley 448 de fomento carbonífero (1870) y la Ley 564 para la explotación de hierro (1872), buscando sustituir importaciones y abaratar costos productivos.
Su visión era clara: la minería debía dejar de ser una actividad aislada y convertirse en parte del desarrollo económico y educativo del país. Para Sarmiento, la educación era la clave para que la riqueza generada por la minería quedara en manos argentinas y no solo en capitales extranjeros.
En San Juan, su tierra natal, Sarmiento vivió de cerca la tradición minera y trabajó para ordenar y regularizar la actividad. Como gobernador, estableció el primer registro oficial de trabajadores y empresas mineras, garantizando una gestión más eficiente y transparente de los recursos.
El legado de Sarmiento sigue vigente. Su impulso a la formación de profesionales, la planificación y el conocimiento de los recursos naturales son pilares que aún hoy sostienen el desarrollo minero de San Juan y de todo el país.

