BARCELONA.–Sea fruto de la casualidad o de un problema más profundo, el hecho de que España haya padecido dos accidentes mortales de tren disparó todas las alarmas en la sociedad española respecto a la seguridad del sistema ferroviario. Mientras el sindicato de maquinistas convocó una huelga general, las autoridades piden calma, y esperar al resultado de las investigaciones sobre las causas de los siniestros antes de extraer conclusiones. En todo caso, en las últimas horas se han multiplicado los controles de la infraestructura ferroviaria y se ha reducido la velocidad en algunos trayectos, como los de alta velocidad entre Madrid y Barcelona, y entre Madrid y Valencia.
Cuando todavía el país se hallaba en estado de conmoción por el choque de dos trenes de alta velocidad en la localidad de Adamuz, uno de los siniestros ferroviarios más trágicos en la historia del país, la noche del lunes tuvieron lugar dos nuevos descarrilamientos de trenes Cercanías en Cataluña, uno de ellos mortal.
El accidente más grave sucedió en la localidad de Gélida, en la provincia de Lleida, en el que falleció una persona y hubo una veintena de heridos, cinco de ellos de gravedad. Sin embargo, según las autoridades sanitarias, la vida de ninguno de ellos corre peligro. Por lo que respecta al accidente de Adamuz, el balance de muertos se eleva a 43, pero hay otras 40 personas desaparecidas que se cree que quedaron atrapadas en los dos vagones del tren Alvia que se precipitó en un terraplén y al que aún no han podido acceder los equipos de emergencias. Las esperanzas de que alguna de ellas esté todavía con vida son muy escasas.
El accidente de Gelida fue provocado por la caída sobre la vía de un muro de contención sobre las 21 del lunes, lo que hizo descarrilar un tren de cercanías de la línea R4 que se dirigía a Barcelona. El primer vagón fue el que recibió el impacto más fuerte y quedó casi convertido en chatarra. A bordo viajaban del tren viajaban 38 personas.
La víctima del accidente es un joven maquinista en prácticas, Fernando Huertas, originario de Sevilla, según confirmaron losMossosd’Esquadra, la policía catalana. La víctima iba al frente del tren, dentro de la cabina, con el conductor titular y con otros aprendices.
A raíz del siniestro, la circulación de todos los trenes de Cercanías y de Media Distancia quedó paralizada de forma indefinida, mientras se realizan inspecciones en todas las líneas. Está incidencia ha provocado graves problemas de movilidad, pues cerca de 200.000 personas utilizan cada día este servicio, la mayoría para desplazarse a sus empleos. Aunque Renfe, la compañía ferroviaria, puso en marcha un sistema alternativo de colectivos, este es incapaz de absorber tal volumen de pasajeros.
La consejera de Territorio de la Generalitat de Catalunya, Sílvia Paneque, explicó que, a la espera de los resultados de la investigación, la hipótesis más probable es que las lluvias de los últimos días hayan provocado la cesión de un muro de contención. En tanto, el otro accidente ocurrido la noche del lunes en las vías catalanas —sin heridos de gravedad—, entre las localidades costeras de Blanes y Maçanet, se debió al desprendimiento de una roca, también atribuido al temporal.
A raíz del accidente, se decidió suspender el servicio de Cercanías y organizar durante toda la noche equipos de inspecciones –“las marchas blancas”– formados por maquinistas y técnicos de infraestructura para comprobar el estado de las vías. Estas evaluaciones, llamadas “marchas blancas”, consisten en hacer circular convoyes vacíos por las vías. A media tarde, Renfe expresó su deseo de reanudar el servicio el jueves. No obstante, los sindicatos de maquinistas se opusieron a la medida y aún no está claro si se podrá aplicar la decisión.
Para el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (Semaf), todas estas medidas llegan demasiado tarde. Sus representantes calificaron de “inadmisible” la situación y criticaron el constante deterioro del servicio ferroviario. Por esta razón, han anunciado la convocatoria de una huelga general, si bien todavía no determinaron la fecha.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, se mostró comprensivo hacia el enojo del Semaf, porque sus miembros “están afectados” por las perdidas humanas de los últimos días. “Intentaremos que no se produzca la huelga, que tienen a ver con el hecho de haber perdido dos compañeros esta semana”, añadió Puente, que censuró las “especulaciones” alrededor de los accidentes e insistió que se realizaron todos los controles pertinentes en las vías.
Por su parte, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo arremetió contra el Gobierno, al que acusó de “estar desbordado”, además de “falta de previsión y transparencia”.
El siniestro de Adamuz sumió en la confusión a la sociedad española, orgullosa de su moderno sistema de alta velocidad, que el año pasado sumó más de 40 millones de usuarios. No en vano, España es el segundo país del mundo en cantidad de kilómetros de vía de alta velocidad, solo superado por China. Ahora bien, hasta ahora la sociedad no había sido consciente del elevado costo de mantenimiento de tal infraestructura, razón por la que otros países han apostado por otros medios de transporte.
En este sentido, los contextos de ambos accidentes mortales no tienen nada que ver. El sistema de Cercanías de Barcelona está envejecido, registrando retrasos y averías casi a diario desde hace años. De hecho, incluso algunos observadores lo señalaron como una de las razones que impulsó el sentimiento independentista en la región. Las fuerzas políticas y empresariales catalanas reaccionaron a los dos siniestros de Cercanías atribuyéndolo a la “desinversión” o al “expolio fiscal” que padece Cataluña. Según datos del Ministerio de Hacienda, entre 2015 y 2021 solo se ejecutó el 60% de las obras públicas presupuestadas en Cataluña frente al 122% en Madrid.

