El grave accidente ferroviario ocurrido en la tarde de este domingo a la altura de la localidad española de Adamuz, en la provincia meridional de Córdoba, dejó como saldo, hasta el momento, 39 personas fallecidas, entre ellas el maquinista de uno de los trenes implicados, y un centenar de heridos de distinta consideración.
El violento siniestro se produjo a las 19.45 (hora local) cuando los últimos dos vagones del tren de alta velocidad Iryo 6189, con origen en Málaga y destino Madrid, descarrilaron en los desvíos de entrada de la vía 1 de Adamuz e invadieron la mano contraria por la que justo pasaba otro convoy, una formación Alvia que había partido de Puerta de Atocha y se dirigía a Huelva, que también descarriló.
Un periodista de la radiotelevisión pública española RTVE, que viajaba en el tren procedente de Málaga, relató lo sucedido. “Hubo un momento en que se sintió una especie de terremoto y era que habíamos descarrilado”, explicó. “A los diez minutos de salir, [el tren] empezó a temblar muchísimo y descarrilló desde el coche seis para atrás”, añadió.

Mientras peritos y dotaciones de bomberos continuaban este lunes las tareas en la localidad española de Adamuz, en Córdoba, para determinar si hay víctimas fatales entre los restos de los vagones de los dos trenes que colisionaron, el presidente de la empresa pública de transporte Renfe afirmó que los dos primeros coches de una de las formaciones se encuentran “absolutamente desintegrados”, lo que dificultaba el acceso a eventuales cuerpos atrapados entre los hierros.
En declaraciones a la emisora española Cadena Ser, Álvaro Fernández Heredia, titular de Renfe —operadora de uno de los trenes involucrados—, coincidió con el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, en que el accidente se produjo en “circunstancias extrañas”. “No era un problema de exceso de velocidad y era una recta, no una curva. Sacar conclusiones no va a ser algo inmediato”, destacó.



