En un episodio digno de vodevil barrial, un sujeto decidió hacer su mejor imitación de ciudadano multitasking: entró a “Un Rincón de Nápoli”, pagó literalmente un alfajor de bolsillo, y salió con la mochila más cargada que la de un mochilero en El Bolsón.
Sí, leyó bien. Entre bebidas, alimentos y artículos de limpieza (¿una aspiradora, quizás?), la mercadería superaba los 78.000 pesos — más pesada que la conversación de mesa familiar después del pan dulce.
Lo que este Robin Hood de los barrios olvidó es lo siguiente: eso de “no se paga porque hago caridad” todavía no está en el código penal. Resultado: la Justicia le dio 40 horas de trabajo comunitario. Traducido al idioma común: va a barrer plazas, juntar envases y boludear en la vereda como si fuera concursante de “El Gran Premio de la Escoba”.
Además, el muchacho deberá devolver la nada despreciable suma de 20.000 pesos — la “cuota social” para poder seguir contando esta aventura.
¿La joya del relato? La “persecución” para atraparlo fue tan breve que el pobre terminó siendo aprehendido antes de siquiera encontrar un buen filtro de TikTok para su huida.
Con esto, nuestro protagonista no solo pasa a la historia como el hombre que quiso hacer un asalto express con boleta y todo, sino que ahora también estrena su carrera de barrendero honorario en la comunidad.
Amigos, si van a robar… por lo menos traten de que valga la pena.

