A pesar de décadas de millonaria asistencia militar de EE. UU., la estrategia para erradicar la cocaína en Colombia ha fracasado. El enfoque de la DEA, centrado en la captura de capos y la extradición, no ha alterado la profundidad del problema. Críticos señalan que periodos como el de Álvaro Uribe priorizaron la seguridad para la inversión extranjera, ignorando la necesidad de cambios socioeconómicos para los agricultores.
El Debate sobre el Glifosato y la Producción
El analista Matthew Smith sostiene una postura polémica al atribuir el auge actual a la suspensión de la fumigación aérea con glifosato en 2015 (decisión tomada por riesgos cancerígenos) y a las políticas de Gustavo Petro. Sin embargo, la realidad muestra una complejidad mayor:
- Cifras récord: En 2025, Colombia provee el 67% del suministro mundial. La producción pasó de 610 toneladas en 2006 a estimaciones que superan las 3,000 para 2024.
- Fragmentación criminal: Tras el acuerdo de paz con las FARC, surgieron bandas disidentes y paramilitares que controlan partes específicas de la cadena productiva, haciendo que el negocio sea más difícil de desmantelar que bajo los antiguos carteles verticales.
El Impacto Político y Económico
La gestión de Petro ha priorizado atacar las finanzas narco en lugar de a los campesinos, pero esto ha coincidido con un aumento drástico en los cultivos. Esta situación ha generado:
- Inestabilidad económica: La violencia en zonas rurales ahuyenta la inversión extranjera, especialmente en el sector petrolero.
- Tensión diplomática: El aumento de la producción ha fracturado la relación con Washington, llegando incluso a la revocación de la visa estadounidense de Petro tras su discurso en la ONU.
- Respuesta desesperada: Ante la crisis, el gobierno ha anunciado el uso de drones para fumigación, aunque expertos consideran que es una medida tardía frente a un negocio alimentado por la insaciable demanda internacional y la ausencia estatal en la Colombia rural.

