El sistema judicial de San Juan inició una etapa de reorganización que apunta a modificar la forma en que se investigan y priorizan los delitos, con el objetivo de lograr un funcionamiento más ágil y coordinado en los próximos años. La iniciativa busca dejar atrás esquemas dispersos y avanzar hacia una planificación común entre los distintos organismos que intervienen en el proceso penal.
Como parte de este rediseño, se conformó un espacio de trabajo interinstitucional que reúne a autoridades judiciales, fiscales, fuerzas de seguridad y áreas vinculadas al sistema penitenciario. Desde allí se pretende fijar criterios unificados para la actuación penal, evitando superposiciones y mejorando la respuesta del Estado frente a hechos delictivos.
Dentro de los cambios internos, se resolvió cerrar algunas dependencias que ya no se consideran estratégicas y redistribuir recursos humanos hacia áreas clave de investigación. La decisión apunta a fortalecer el trabajo operativo y optimizar el uso del personal disponible, en un contexto donde la demanda social por resultados concretos es cada vez mayor.
Desde la conducción judicial reconocen que, si bien se avanzó en ordenar la estructura institucional, el desafío central es reconstruir el vínculo de confianza con la ciudadanía. Para ello, sostienen que es imprescindible una Justicia más clara en sus procedimientos, con reglas previsibles y mayor cercanía con la sociedad.
En paralelo, se renovaron autoridades en órganos de control interno, considerados fundamentales para garantizar la transparencia y el correcto desempeño de jueces y funcionarios. Estos movimientos forman parte de una estrategia más amplia que busca consolidar un sistema judicial moderno, eficiente y alineado con las expectativas sociales.

