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San Juan

Silencio sepulcral, oro menguante y comunicado diet: la salida de Ricardo Martínez o cuando en Gualcamayo nadie explica nada y todos sospechan de todo

Última actualización: 19 de diciembre de 2025 6:29 pm
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En Gualcamayo no hubo despedida, ni brindis, ni foto institucional con sonrisas de compromiso. Hubo silencio. Ese silencio pesado, incómodo, que en minería —como en la política y en los matrimonios largos— no anuncia paz, sino ruptura.

Ricardo Martínez dejó la conducción de la mina jachallera de manera tan repentina que agarró al sector minero con el casco puesto pero sin linterna. Nadie lo vio venir. Nadie lo explicó. Nadie se hizo cargo. Un comunicado microscópico, un posteo sensible en LinkedIn y listo: “me voy por la familia”. Fin del comunicado. Fin del relato. Fin de la paciencia.

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En Gualcamayo no hubo despedida, ni brindis, ni foto institucional con sonrisas de compromiso. Hubo silencio. Ese silencio pesado, incómodo, que en minería —como en la política y en los matrimonios largos— no anuncia paz, sino ruptura.Marcelo Agulles Jefe de Comunicaciones de Minas Argentinas publicó un comunicado tan escueto que parecía escrito con miedo a gastar tinta. Cumplió con la Bolsa, con los abogados y con nadie más. No explicó nada, porque explicar obliga.Como si el panorama técnico no fuera suficientemente sombrío, aparece el otro gran elefante en la sala: el RIGI que no sale. Carbonatos Profundos nació con USD 1.000 millones, bajó a USD 750 millones, se sacó la planta de cal, la recuperación de oro y casi se saca los zapatos… todo para acelerar el trámite. Nación, mientras tanto, sigue sin levantar el pulgar.Hay silencios que dicen mas que muchas palabras. Fue muy obvio que la salida fue sorpresiva, abrupta y extrañísima. En Gualcamayo dicen que Ricardo Martínez era el hombre clave para los proyectos grandes y apuntaron sin rodeos a Juan José Retamero, el dueño del yacimiento. Historial judicial, conflictos empresariales, cero trayectoria minera. Todo lo que tranquiliza a un inversor… pero al revés.Martínez cerró su salida con una oda a la familia. Pero quienes lo conocen levantan una ceja. O las dos. “Cuando alguien tan obsesivo del trabajo dice que se va por la familia, generalmente es porque ya no soporta a alguien más”, deslizó una fuente con bisturí verbal. Tampoco cayó bien la forma: un comunicado corto para una salida institucional que afecta a una mina importante, a una empresa y a toda una provincia. Demasiado poco para algo demasiado grande.

Y así, el 12 de diciembre, el mercado minero sanjuanino pasó en segundos del “todo sigue igual” al “¿qué pasó acá?” con la velocidad de una voladura mal calculada.

Marcelo Agulles Jefe de Comunicaciones de Minas Argentinas publicó un comunicado tan escueto que parecía escrito con miedo a gastar tinta. Cumplió con la Bolsa, con los abogados y con nadie más. No explicó nada, porque explicar obliga.

Ricardo Martínez, en cambio, optó por el género literario más usado cuando alguien se va mal pero no puede decirlo: la despedida espiritual y callado. Familia, prioridades, valores, emociones. Todo muy humano, muy LinkedIn, muy “coach ontológico”… y muy poco creíble para alguien conocido por vivir enchufado a 220 voltios y dormir con el celular bajo la almohada.

Conclusión automática del ambiente: cuando no hay explicación oficial, hay festival de versiones. ¿Cuánto oro queda en Gualcamayo? La pregunta que nadie quiere responder con números

Entre todas las hipótesis, hay una que vuelve como un mal olor que no se va: el oro. O mejor dicho, la falta de oro.

La duda no es nueva. En 2024 ya había estallado el conflicto técnico por las cifras de la pila de lixiviación. Los números decían una cosa, la realidad decía otra. Y en minería, cuando los números y la realidad se pelean, la realidad siempre gana… y alguien como Martinez se va.

Aquello terminó con tensiones internas, miradas de costado, versiones de denuncia penal que no llegaron a Tribunales pero sí a las sobremesas empresarias, y la salida de Mario Juárez. Martínez quedó y tomó el timón. El problema, dicen las fuentes, nunca se resolvió: solo se pateó para adelante, como promesa de novio que no se quiere casar.

Hoy la descripción más repetida desde dentro de la empresa es demoledora:
“Gualcamayo está raspando el fondo de la olla… y la olla ya está agujereada”.

Lo que queda para lixiviar tendría una vida útil más corta que un ministro de Economía en crisis. Las onzas polimetálicas siguen saliendo, sí, pero cada vez con menos oro y más ilusión. Mucho material, poca magia.

Un técnico de la empresa lo explicó sin metáforas:
“Cuando el bullón trae menos oro, la ecuación financiera deja de ser delicada y pasa a ser directamente suicida”.
Y remató con una frase que vale oro (del que no hay):
“Los técnicos no querían firmar reservas que no existían. Nadie queria terminar explicándole a un fiscal la situación”.

Como si el panorama técnico no fuera suficientemente sombrío, aparece el otro gran elefante en la sala: el RIGI que no sale. Carbonatos Profundos nació con USD 1.000 millones, bajó a USD 750 millones, se sacó la planta de cal, la recuperación de oro y casi se saca los zapatos… todo para acelerar el trámite. Nación, mientras tanto, sigue sin levantar el pulgar.

En el ambiente minero ya circula una fecha límite no oficial pero repetida como mantra: Semana Santa. Si para entonces el RIGI no aparece, Gualcamayo podría pasar de “proyecto estratégico” a “problema provincial”. Porque sin RIGI no hay inversión, sin inversión no hay futuro y sin futuro no hay relato que aguante.

Hay silencios que dicen mas que muchas palabras. Fue muy obvio que la salida fue sorpresiva, abrupta y extrañísima. En Gualcamayo dicen que Ricardo Martínez era el hombre clave para los proyectos grandes y apuntaron sin rodeos a Juan José Retamero, el dueño del yacimiento. Historial judicial, conflictos empresariales, cero trayectoria minera. Todo lo que tranquiliza a un inversor… pero al revés.

La pregunta que sobrevuela es brutalmente simple: ¿Está la plata para cerrar la mina si todo falla o estamos apostando con promesas, comunicados y fe? Porque los pasivos ambientales no se pagan con frases motivacionales. Cinzano, compliance y el viejo deporte de mezclar familia y negocios Como si faltara picante, apareció la versión ética de Ricardo Martinez. En Gualcamayo comentan que las oficinas en la exbodega Cinzano fueron refaccionadas por una empresa vinculada a la familia Martínez y gerenciada por su hijo. ¿Será así?

La misma fuente de la empresa dice que hubo una violación de compliance, o “esto no se hace”, o en sanjuanino “se armó un quilombo”. Fuentes aseguran que el directorio habría puesto el grito en el cielo. Un fuerte consultor minero sanjuanino dice que en minería se puede discutir todo, menos mezclar poder, familia y contratos sin que alguien termine pagando el costo político.

Martínez cerró su salida con una oda a la familia. Pero quienes lo conocen levantan una ceja. O las dos. “Cuando alguien tan obsesivo del trabajo dice que se va por la familia, generalmente es porque ya no soporta a alguien más”, deslizó una fuente con bisturí verbal. Tampoco cayó bien la forma: un comunicado corto para una salida institucional que afecta a una mina importante, a una empresa y a toda una provincia. Demasiado poco para algo demasiado grande.

Gualcamayo, vendida en 2023 a una firma casi desconocida y luego vinculada al grupo AISA, fue la primera minera sanjuanina en anotarse en el RIGI… y hasta ahora la primera en quedarse esperando. El dueño del circo es Juan José Retamero. Historial judicial, conflictos empresariales, cero ADN minero. Hoy, sin Martínez, sin explicaciones, con el oro cada vez más esquivo y el RIGI en veremos, el silencio ya no tranquiliza: inquieta. Porque cuando en una mina hay tanto silencio, no es prudencia. Es que algo se está hundiendo, y no siempre es la pala.

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