Una nueva encuesta confirma que la paciencia del hincha con el Chiqui Tapia está más finita que un billete de $10 después de pasar por el lavarropas.
El 50% de la gente dice que lo más grave son las denuncias financieras, lo que deja dos conclusiones clarísimas:
- Algo huele raro. Y no, no es la camiseta transpirada que dejaste fermentando en el bolso desde la final del 2014… aunque compite cabeza a cabeza.
Mientras tanto, el 20% culpa a los árbitros, y el 56% cree que sus errores son “intencionales”. O sea, según más de la mitad del país, los árbitros no se equivocan: siguen un plan maestro digno de Pinky y Cerebro, pero versión “Pinky y Pezzotta”.
La gestión Tapia–Toviggino parece escrita por un equipo de guionistas encerrados en Zoom a las 3 de la mañana:
—Che, ¿y si cambiamos las reglas del torneo en la fecha 23? —¡Dale! —¿Y si damos ascensos como si fueran millas de Aerolíneas? —¡Me gusta! —¿Y si borramos un campeonato entero total porque… martes? —¡Arte puro!
Atlanta y San Martín de Tucumán iban punteros hasta que la AFA apareció con su varita mágica y dijo: —¿Sabés qué? Nuevo torneo. Empiezan de cero…—Pero faltan nueve fechas…—Callate y jugá, papá.
Y después le dieron una copa a Rosario Central así nomás, porque total habían juntado más puntos. Reglamento: “¿Qué está pasando?” AFA: “Shhhh. A disfrutar del caos, rey.
La Selección: campeona del mundo, orgullo nacional, Messi transformando hasta al vecino más pesado en una persona funcional. El fútbol local: derrumbándose más rápido que un jENGA armado sin manual.
Por eso, el 65,8% de la gente califica la gestión del Chiqui Tapia como “mal” o “muy mal”.
Si fuera un examen, la nota sería: “Desaprobado con honores y sin derecho a recuperatorio”.

