En Pilar apareció una mansión tan gigantesca que si te parás en la entrada necesitás Google Maps, brújula y un sherpa para encontrar el baño. Tiene helipuerto, pileta tamaño Mar Argentino, autos antiguos, jardines eternos… es básicamente el Disney de la arquitectura ostentosa. El barrio, que antes era tranquilo como mate de tarde, ahora es un episodio en vivo de Intrusos Deluxe. Los vecinos andan revolucionados, porque —según ellos, nada comprobado, puro chusmerío clásico argentino— por ahí pasan Tapia y Toviggino, como si fueran personajes de una serie llamada: “AFA & Mansiones: el multiverso del rumor.”
Te los imaginás entrando al country y el guardia anunciando: —Señores… llegó la tanda de especulaciones del día. La mansión es tan exagerada que cuando la ves decís:
“¿Esto es una casa o el escenario donde va a pelear King Kong con Godzilla?”
Los vecinos están en modo CSI Pilar: —Yo vi un auto polarizado, seguro era Tapia.
—No, era Toviggino. —Para mí eran repartidores de sushi. Nadie sabe nada, pero hablan como si tuvieran micrófono y gráfica de noticiero.
La casa, si tuviera voz, diría: “Hola, soy la mansión más comentada de la zona. No tengo la culpa de que me confundan con el estadio de Wembley.” Y el rumorómetro sigue:
Tapia por acá, Toviggino por allá, drones, cámaras, teorías, mate cocido y especulación premium. Todo muy argentino: vemos una casa grande y automáticamente armamos un documental de 12 capítulos. Una mansión monumental, un barrio que parece Twitter con ventanas, y los nombres de Tapia y Toviggino flotando como si fueran estrellas invitadas en una novela titulada “Pilar: lujos, rumores y gente mirando atras de las cortinas a Tapia y Toviggino.

