Porque si hay alguien que entendió cómo juntar poder, es él.
Ni los supervillanos de Marvel se animaron a tanto.
En el mundo del Chiqui, los clubes no son clubes:
son Pokémon.
Y él anda cazando presidentes con una Pokébola que dice “Resolución urgente”.
Cuando lo ves firmando algo, no sabés si está aprobando un torneo o si está adoptando otro club para su criadero personal.
Porque ese es su talento:
Donde vos ves caos, él ve “una oportunidad de acomodar a los pibes”.
Y cuando le preguntan por los quilombos, el tipo suelta la frase mística:
“Me quedan muchos años más”.
Traducción libre:
“No se ilusionen, papi volvió para la segunda temporada”.
Imaginate el laboratorio secreto del Chiqui:
- una pared llena de clubes conectados con hilos rojos,
- un pizarrón que dice “cómo coronar a alguien sin que parezca raro”,
- y una cafetera industrial, porque administrar quilombos cansa.
Y ahí está él, con cara de “yo no fui”, pero aprobando campeonatos como si fueran facturas en la panadería.
“¿Un título? Dale. ¿Un descargo? Pasá. ¿Una polémica nueva? Traeme dos que están en oferta”.
Porque si algo queda claro es que el Chiqui encontró el modo de transformar la AFA en una mezcla entre reality show, ferretería y club social de barrio.
Y vos, pobre mortal futbolero, solo podés mirar y decir:
“¿Este capítulo ya lo vi o me están repitiendo la temporada?”

