El «comprador» llegó en su Ford Focus gris, puso los billetes sobre la mesa como si estuviera comprando un auto, se fue feliz… y el vendedor, cuando intentó usar la plata en una tiendita, se dio cuenta de que algo olía “a cartón”: los billetes de $20.000 no tenían la tinta que cambia de color, se borraban si los frotás y, para colmo, todos tenían el mismo número de serie. Vamos, que parecían salidos de una fotocopiadora de feria.
Obviamente, el muchacho no se quedó cruzado de brazos: fue a la comisaría 9ª con su denuncia bajo el brazo (igual que los billetes, pero estos sí eran reales). Ahora la UFI de Estafas está investigando, sospechando de una red local que andaba repartiendo estos “billetes de papelito”.
La policía ya advirtió: ojo con los billetes truchos que podrían estar circulando más de lo que uno piensa. Recomiendan revisar bien la textura, el tamaño, el color, el número de serie y hasta los mecanismos brillantes de seguridad.
Por ahora, cero detenidos. Así que la incógnita sigue: ¿quién es el cerebro de esta red? ¿Y de dónde sacaron esos billetes tan truchos pero bien hechos? La investigación sigue.

