En pleno control vehicular, en Ruta 40 y Calle 10, cayeron dos presuntos narcos que venían tan tranquilos como si llevaran medialunas en el baúl. Spoiler: no eran medialunas.
Los agentes, con la astucia de un gato que huele atún, tendieron una trampa “disimulada” —aunque con más sirenas que una comparsa— y detuvieron un Gol Volkswagen color gris rata sospechosa.
Los pasajeros, al ser frenados, pusieron cara de “¿yo, señor? ¡Si recién lo compré para ir a misa!”. Pero el perro antidroga opinó distinto.
Tras una minuciosa revisión que incluyó revisar desde el estéreo hasta el portavasos (no se sabe por qué), encontraron dos ladrillos de marihuana compactada. Dos ladrillos que harían feliz a cualquier albañil, pero que en este caso solo levantaron sospechas.
Fuentes cercanas al operativo contaron que la cantidad exacta “no se precisó” —posiblemente porque alguien se distrajo sacándose una selfie con la evidencia—.
La Policía, por su parte, no emitió comunicado oficial: algunos dicen que es por protocolo, otros porque todavía están buscando el cargador del fax.
Mientras tanto, la Fiscalía Federal sigue investigando si estos dos “transportadores de felicidad ilegal” forman parte de una red más grande… o si simplemente eran dos tipos que confundieron el GPS con Google Narco Maps.
Final feliz: los detenidos siguen bajo custodia, el Gol sigue secuestrado (porque alguien tiene que pagarlo) y los federales ya están preparando la secuela:
“Operativo Calle 11: el Regreso del Ladrillo”.

