La elección en Buenos Aires fue tan mala para La Libertad Avanza que ni Waze los pudo reubicar. Perdieron votos, dignidad y hasta el control del GPS político. Si el domingo fue una película, se llamó “Titanic 2: Esta vez con motosierra”.
Y no, no fue culpa de los extraterrestres, el marxismo global o los ñoquis del Estado. Esta vez, el misil vino desde adentro de la nave libertaria, cortesía de la hermana presidencial: Karina «El Jefe» Milei.
Sí, la CEO de Todo, la tía que arma las listas como si fueran grupos de WhatsApp, la que organiza una elección como quien organiza un baby shower con globos del Partido Libertario.
Y el resultado: un quilombo electoral tan desorganizado que hasta los militantes de Milei estaban buscando a quién votar por Google Maps.
Karina fue señalada como la gran arquitecta de la derrota. Pero no una arquitecta tipo Le Corbusier. No. Esto fue más bien una obra dirigida por Albañiles en Llamas S.A., con planos dibujados en la misma servilleta de Corach hace 30 años atrás.
Porque cuando priorizás lealtad sobre cerebro, pasa lo que pasó: terminás armando listas con influencers que no saben dónde queda San Juan y candidatos que piensan que Sarmiento era un DJ de Rogelio.
Karina no armó una campaña: armó un episodio de «Sombras Tenebrosas», con traiciones, audios filtrados, criptomonedas truchas y legisladores que parecen salidos de un casting de «Si lo sabe Cante» con Roberto Galán.
Primero saltó lo de Libra, la criptomoneda más inestable desde el ánimo del dólar. Después, el escándalo del coimagate, que no se sabe si fue una trama de corrupción o una coreografía de TikTok con sobres de dinero.
Pero lo que sí se sabe es que llovieron audios, memes y capturas de pantalla como cuando ella le cuenta todo su divorcio al grupo de amigas de WhatsApp, y nunca falta la maldita que le dice «Andá y rompele el Auto». Karina quedó más pegada que sticker de Milei en camioneta importada de La Recoleta.
Y mientras todo se prendía fuego, Milei sigue llevándola a todos lados como si fuera una estampita libertaria, repitiendo: «¡La culpa es de los otros, no de ella!».
Sí, el jefe, la jefa o como quieran decirle… del desastre.
El problema no es que Karina sea la hermana. El problema es que gobierna como si el país fuera una pyme familiar que vende termos con frases como esas que vienen en los chiklets Adams.
¿Quién la eligió? Nadie. Pero ahí está, más presente que el dólar blue en el noticiero.
Y eso generó algo peor que la inflación: un gobierno paralelo, pero sin GPS, sin estrategia y sin plan B.
Funcionarios que no saben a quién obedecer, aliados que no quieren ni sacarse selfies, y Milei bancando todo y lo único que llega es:
“Che, Karina se volvió a mandar otra cagada…”
Conclusión: el club de los Milei está en promo 2×1… pero sin clientes
La derrota en Buenos Aires fue una cachetada política, pero no con guante blanco: con mano abierta. Fue un “voto castigo” con moño. Y encima, en su propio bastión.
Ahora Milei dice que va a hacer “correcciones”. Pero sigue con Karina al lado.
Es como decir que vas a dejar de fumar mientras te encendés un cigarro con billetes de 1000 dólares.

