Durante décadas, hablar del Bloquismo era como hablar del Partenón: un monumento histórico que estaba ahí, pero al que nadie entraba porque daba miedo que se te cayera una columna encima. “El partido de mi abuelo”, decían muchos, como si fuera un mueble heredado que no sabés si restaurar o prenderle fuego. Pero, ¡atenti!, resulta que en el quilombo actual, el Bloquismo parece el primo prolijo de la familia en su frente con el gobierno de la provincia.
La Cruzada Renovadora, por su parte, siempre cargó con ese aire raro de “partido chico pero con mística”. Para muchos era como una cofradía de iluminados que sobrevivían a todas las elecciones aunque nunca se supiera bien cómo. Parecían esos equipos de fútbol que nunca descienden pero tampoco ganan un campeonato, hasta que lo ganaron con Alfredo Avelín como gobernador de San Juan. Hoy esa “resistencia espiritual” se convirtió en medalla de pureza: ¡jamás aparecieron en la lista de socios políticos con el peronismo (Que gobernó la provincia 20 años, o con otro frente liderado por de Producción y Trabajo de Roberto Basualdo). En tiempos donde medio país está sospechado, la Cruzada puede salir a la calle con la frente alta, diciendo: “Nosotros nunca nos llevamos ni un foquito de la Cámara de Diputados”.
Y después está Producción y Trabajo. Qué nombre, por Dios. Antes sonaba como un sindicato de artesanos medievales, pero ahora es casi un meme profético. En un país donde la producción y el trabajo te cuesta uno y la mitad del otro, el nombre del partido suena más actual que nunca. Si la política fuese marketing, Producción y Trabajo sería el nuevo eslogan que todos quisieran robar. Lo gracioso es que los nacionales te hablan de “revolución libertaria” o de “resistencia peronista”, y acá los locales te tiran algo tan simple como “laburar y hacer cosas”. Y claro, después de tanto chamuyo, eso suena a poesía.
Lo más irónico es que durante años estos partidos eran tratados como teloneros, como la banda soporte que toca antes de que suba el PJ con su show principal o antes de que aparezca LLA con su león inflable y los discursos de Milei. Pero hoy, ¡zas!, los teloneros son los únicos que siguen afinados, mientras las bandas grandes se desafinaron y se quedaron sin voz manchadas y salpicadas por todos los casos de corrupción a nivel nacional de uno y otro.
Y ojo con el Bloquismo, que tiene su propio folklore: partidos de truco eternos en la sede, convenciones que parecían peñas familiares, y dirigentes que se sabían la historia de San Juan de memoria, con la misma pasión con la que otros se saben las estadísticas de River o Boca. Eso, que antes parecía “anticuado”, ahora suena auténtico.
La Cruzada también tiene lo suyo: siempre fueron como esos alumnos que no sacan 10, pero tampoco se llevan materias a marzo. Aprobaron raspando todas las elecciones, sí, pero nunca repitieron de año. ¡Y ahora resulta que esa constancia es oro puro!
Y Producción y Trabajo… bueno, ellos siempre tuvieron esa mística de barrio. Eran los que iban a estar siempre en la oposición cómoda, pero sí los que estaban en la esquina planeando de cómo llegar de una vez por todas. En tiempos de promesas incumplidas, esa cosa terrenal empieza a ser la única que la gente entiende.
En definitiva: mientras el peronismo carga con el prontuario delictivo y su presidente presa Cristina Kirchner presa por corrupción con 16 años de gobierno en sus espaldas, y La Libertad Avanza empieza a demostrar que de “casta” saben y se parecen más de lo que predican, los provinciales aparecen como los únicos que pueden decir:
- “Nosotros conservamos la mística de Don Leopoldo” (Bloquismo).
- “Nosotros sobrevivimos sin vendernos” (Cruzada).
- “Nosotros nos llamamos Producción y Trabajo… con Basualdo no llegamos nunca, con Orrego si” (P y T).
Al no estar en ningún frente con los partidos manchados con corrupción, los provinciales pasaron de ser las sobras frías del asado político, a ser la última cerveza guardada en la heladera que todos quieren cuando hacen 40 grados.