Sergio M. Eiben:
Anoche, en Avellaneda, lo que debía ser fútbol terminó en un espectáculo de violencia. Hubo incidentes serios en la tribuna visitante, donde los hinchas de la Universidad de Chile desataron el caos. Para entender lo que pasó, tenemos en línea a Claudia Valenzuela, que estuvo con su esposo en la hinchada de Universidad de Chile. Claudia, contanos: ¿qué fue lo primero que viste que te hizo pensar “esto se va de las manos”?
Claudia Valenzuela:
Fue cuando vimos al chico arrinconado. Lo empujaron y pensamos que se había reventado contra la baranda. La sensación fue terrible, porque estábamos convencidos de que no se levantaba.
Sergio M. Eiben:
¿Vos dirías que ese momento fue consecuencia directa de la violencia que empezaron a generar los hinchas de la barra brava de Universidad?
Claudia Valenzuela:
Sí, absolutamente. Ellos empezaron a tirar piedras, objetos, todo. Fue descontrol. Y de ahí vino el resto: empujones, corridas, pánico.
Sergio M. Eiben:
Muchos hablan de un “ambiente hostil” en la tribuna visitante. Vos que estabas ahí, ¿sentiste miedo real de que la cosa terminara en tragedia?
Claudia Valenzuela:
Claro que sí. Había familias, había chicos. Cuando empezaron a volar piedras, todos pensamos que podía pasar algo mucho peor. No es lo que uno espera en un estadio.
Sergio M. Eiben:
Y ahí está el punto central: no fue un accidente, no fue un forcejeo aislado. Fueron los hinchas chilenos quienes comenzaron con la agresión, quienes eligieron la violencia por encima del aliento. ¿Te sorprendió ver a tu propia gente —a los hinchas de tu club— tirando piedras en lugar de cantar?
Claudia Valenzuela:
Sí, porque uno va a alentar, no a destruir. Hubo hinchas que intentaron frenar, pero eran minoría. Los violentos fueron los que dominaron la escena y dejaron a todos en riesgo.
Sergio M. Eiben:
Eso es lo indignante. Porque siempre hablamos de “el folclore del fútbol” como si fuera algo simpático… pero anoche vimos que ese folclore se convirtió en barbarie. No es pasión tirar piedras. No es amor por la camiseta empujar a un pibe hasta dejarlo inconsciente. Eso se llama delincuencia, lo vemos en la Argentina, y en esta oportunidad en el sector los barras chilenos. Claudia, ¿qué te queda de anoche? ¿Qué imagen no te vas a olvidar nunca más?
Claudia Valenzuela:
El cabro caído, inmóvil, todos pensando que estaba muerto. Esa imagen no me la saco de la cabeza.
Sergio M. Eiben:
Esa imagen Claudia, es la síntesis de lo que pasó: un chico acorralado por la violencia irracional. Y mientras los verdaderos hinchas lloraban y se abrazaban, un puñado de barras bravas chilenos festejaba el descontrol.
Anoche, en Avellaneda, el fútbol quedó de rehén. Y lo repito: los responsables fueron 15 tipos -no más- de los hinchas de la Universidad de Chile, que eligieron la piedra en lugar del canto, la violencia en lugar del deporte. Y mientras la dirigencia se hace la distraída, la violencia avanza. Pero la verdad es simple: lo que manchó la fiesta no fue la pelota… fueron ellos.

