“¡Hay proscripción en la Argentina, señores!”, bramó Gioja, agitando las manos como si espantara moscas en verano. “¡Se están violando las leyes, la Constitución y hasta el sentido común! ¡Y así no vamos a ningún lado!”, dramatizó, con cara de quien se enteró que subió el precio de la empanada.
Después bajó la voz, en tono de chisme jugoso: “No he hablado con ella, eh. ¡Pero estuve hablando con los amigos de ella! Me dicen que tiene anotadas, no sé… ¡35.000 personas! No sé cuántos… ¡pero yo estoy anotado!”, confesó Gioja, con el orgullo de quien logró entrar en la lista del boliche más top.
Claro que nada es gratis: como si fuera a entrar al VIP del Luna Park, va a tener que hacer un trámite judicial para concretar la visita. “Quiero ir a verla porque en los momentos difíciles hay que ser solidario”, dijo Gioja, cual vecina que te lleva un tuper de lentejas cuando te separás.
Y se embaló, indignadísimo: “¡Todo lo que le hicieron es injusto, no cuadra en ninguna ley, y está clarísimo que hay proscripción en la Argentina al no dejarla participar!”, gritó, casi pegándole un voleo a la silla.
“¡La Corte tiene un millón de causas para sacar! ¡Macri tiene 32, no sé cuántas… y no tocan ninguna! ¡Pero justo tocan esta! Esa vara distinta para medir… ¡no puede ser, che! ¡No puede ser!”, protestó Gioja, con cara de que le pusieron azúcar en el mate amargo.
¿Y la condena de Cristina la termina empoderando? Gioja se puso filósofo-pop: “¡Yo creo que no hay mal que por bien no venga! Esto fue un golpe para entender la realidad y… bueno, eso que decía el Martín Fierro: ‘¡Los hermanos sean unidos…!’”
Y ahí quedó todo: entre proscripciones, listas eternas, trámites judiciales, varas raras… ¡y Gioja tirando frases del Martín Fierro como si fueran memes en Twitter!

