¡Atención, atención! Desde julio, los senadores de la Nación —esos próceres modernos que legislan con el corazón en la patria y el bolsillo en Suiza— van a cobrar más de 9,5 millones de pesos brutos por mes. Sí, leyó bien. No es un error de imprenta. No es una ficción distópica. Es la Argentina real, versión Cámara Alta del Club del Millón.
Y no lo decidieron en una sesión a puro debate, ¡no! Fue automático. Como el lavarropas. Como el «next» en Tinder. Como el bostezo en las sesiones del Senado. Un aumento por default patriótico. ¿Por qué? Porque sus dietas están atadas al aumento de los empleados legislativos. O sea, se aumentan los sueldos por control remoto. Una verdadera maravilla administrativa, ideal para evitar que el pueblo moleste con reclamos, porque ni enterado está.
El módulo legislativo subió a $2.376,04, y ellos cobran 2.500 módulos base, más 1.000 de “representación” (representar a quién, nadie sabe), y 500 de “desarraigo”, como si vinieran desde Júpiter a legislar al país. Y como si eso fuera poco, ahora se autoinventaron una dieta adicional para reemplazar el aguinaldo. ¡Un aguinaldazo anual extra para sus Señorías! Porque claro, ¿cómo va a vivir un senador sin ese refuerzo económico para afrontar las fiestas y renovar el guardarropa de cinismo?
No hay excepciones, todo el mundo al festín.
Mientras tanto, el pueblo mira, mastica aire, y se desayuna con mates de yerba rendida. A usted le piden “sacrificio”, pero ellos se dan aumento retroactivo. Le congelan el sueldo a los empleados públicos, pero en el Congreso, la paritaria es un sauna: vapor caliente y nadie se queja.
¿Y quién está detrás del aumento? El gremio APL, con Norberto Di Próspero a la cabeza, un dirigente que evidentemente no sufre de insomnio ni falta de eficacia cuando se trata de mover los números de los sueldos para arriba. Lo apoyaron legisladores con nota en mano: “Hola, vengo a pedir aumento”. No se les cae una ley útil, pero la carta de aumento la redactan con pluma de ganso dorado.
En resumen: los senadores viven en una realidad paralela, una dimensión donde el ajuste solo le llega al mozo que les sirve el café en el Salón Azul. Ellos, en cambio, ajustan… pero el cinturón de Gucci.
¿Y el pueblo? Bien, gracias. Mirando cómo los que deberían servir a la patria, se sirven de ella con cubiertos de plata. Como siempre. Pero más caro.

