En Tribunales las preguntas son varias, pero hay una que sobresale, ¿qué clase de Estado estamos tolerando cuando un personaje sin cargo, sin decreto y sin investidura como Mariano Tomsig recibía gente en la Casa de Gobierno y prometía espacios en la Fiesta Nacional del Sol 2024 como si fuera su propiedad privada? ¿Quién le abrió la puerta? ¿A qué estructura responde? Porque está claro que no operaba solo ni por casualidad.
Hoy Tomsig está sospechado como el autor intelectual de un brutal ataque a un empresario local, Juan Manuel Salvalaggio. No lo golpearon ladrones ni fue un hecho fortuito: fueron sicarios del fútbol, barrabravas que viajaron desde Buenos Aires a San Juan con un solo objetivo: desfigurarle la cara a un competidor. ¿Por qué? Porque, según se investiga, reclamó lo que –según él– le habían prometido: el manejo de un escenario en la FNS, algo que Tomsig le ofreció sin tener cargo ni autoridad alguna, y que se sospecha con un grado de veracidad alta que el mismo Tomsig quería dejarse el escenario de música electrónica.
En el ámbito de las fiscalías penales se tienen algunas certezas sobre que [«este no es un conflicto entre bolicheros. Es una muestra clara de cómo se manejan algunas personas en los márgenes del poder político, usando oficinas públicas como guaridas y tercerizando las piñas . El silencio de quienes los habilitaron, los apañaron y los dejaron actuar desde adentro del Estado es más grave aún. El atacado Salvalagio dice que Tomsig no tenía cargo, ¿quién le dio la llave de Casa de Gobierno? ¿Quién lo sentó a negociar espacios públicos como si fueran monedas de cambio entre mafiosos?»]
Un alto funcionario con experiencia de muchos años en el ámbito penal agregó que [«En San Juan no hay lugar para la tibieza. Si no se blanquea quién los protege, la próxima víctima no será solo un empresario: será la legitimidad misma del poder. Para los investigadores judiciales, la mención de Tomsig recibiendo gente en la Casa de Gobierno sin ser funcionario levanta una pregunta muy seria: ¿Quién lo autorizaba? ¿Con qué respaldo actuaba?«]
Esa situación deja abierta la posibilidad de que usara el peso del Estado para hacer negocios personales o favores a cambio de lealtad, como sucede en muchos esquemas de poder informal.