La violencia irrumpió de manera inaceptable en una escuela sanjuanina: María Margarita Galleguillo, madre de una estudiante, protagonizó un acto brutal al atacar físicamente a la directora del establecimiento tras ser recibida en la oficina de secretaría. Sin mediar palabra ni justificación alguna, la mujer le propinó un golpe de puño en el rostro a la directiva, ocasionándole lesiones y daños materiales, como la rotura de sus anteojos.
Lejos de calmar la situación, su hija también se sumó al ataque, agrediendo a la autoridad educativa con extrema violencia, arrancándole parte del cuero cabelludo. La agresión, tanto física como simbólica, evidencia una preocupante falta de respeto a la función docente y al orden institucional, transformando un lugar de aprendizaje en un escenario de barbarie.
La rápida intervención del personal escolar y de la policía permitió detener la escalada, pero el episodio deja al descubierto el lamentable ejemplo que algunos adultos ofrecen a sus hijos, avalando la agresión como salida ante cualquier conflicto.
La Justicia actuó: Galleguillo fue condenada a cuatro meses de prisión en suspenso, junto a la prohibición de acercamiento y contacto con la víctima. Sin embargo, más allá de la pena, queda el interrogante sobre los daños irreparables que provoca una madre que, en vez de educar, recurre a la violencia como único lenguaje.

